Luego de la caída del Imperio Romano la cultura musical griega se
mantuvo. La influencia griega determinó la forma de pensar de los primeros
cristianos quienes combinaron
influencias helénicas con los salmos judíos en las sinagogas.
A la par que la cristiandad obtenía su
reconocimiento oficial se creaba en Bizancio un nuevo centro cultural donde
nacieron himnos para los oficios eclesiásticos, pero que se mantuvieron
únicamente en la zona mediterránea cuidados celosamente por los pertenecientes
a la iglesia.
Llamado así debido al
papa Gregorio que fue quien llevó a cabo la unión definitiva entre los cantos y
las liturgias. Sus grandes contribuciones fueron; la agrupación de ciclos de
cantos para el año litúrgico y fijar los textos que los músicos debían
trabajar.
El canto gregoriano no
emplea juegos vocales ni acompañamiento musical, eran transmitidos oralmente
hasta el S. XI en que se inició la notación cercana a la conocida actualmente.
Surgidos en Aquitania en el S. XI los
trovadores eran artistas cultos de las clases acomodadas que escribían sus
poemas y canciones en provenzal y representaron la contrapartida de la música
litúrgica.
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